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Estoy segura de que muchas de las que estáis leyendo este post se os ha pasado por la cabeza que la cosmética natural no tiene nada que ver con la química. Esto puede que sea porque muchos de los nombres que nos encontramos en los etiquetados de los productos cosméticos convencionales asustan un poco. Nombres como ácido 3-carboxi-3-hidroxipentanodioico, 2,3-dimetoxi-5-metil-6-poliprenil-1 ,4-benzoquinol u otros parecidos pueden asustar y hacernos pensar que son sustancias que no tienen nada que ver con lo natural. Pero ¡qué no cunda el pánico! No es más que un lenguaje que utilizamos los químicos para dar nombres a las moléculas de una forma lógica.

Y, ¿por qué está tan extendida la idea de que todo lo que lleve un nombre químico no es bueno? ¿Cuál es el problema que hay con la química? ¿Existe un peligro real ante todo aquello que tiene un nombre químico?

Existen muchas historias sobre sustancias químicas preparadas en un laboratorio que inicialmente tenían un buen fin pero que el uso indiscriminado de las mismas causó efectos poco deseados.

Este fue el caso del DDT, un pesticida que tenía como objetivo combatir el mosquito que transmite la malaria que tantas muertes causo en los años 50. A la vista de la efectividad de este pesticida contra este mosquitó, comenzó a utilizarse de forma indiscriminada para combatir todo tipo de plagas en todo tipo de campos de cultivo. Años más tarde, en la década de los 60 la doctora en biología Rachel Carson advirtió de los peligros de este pesticida en la vida salvaje de los diferentes ecosistemas.

No fue hasta los años 80 que se confirmó lo que la doctora Carson advirtió décadas atrás, sino que también se confirmó que el DDT afecta a la salud humana.

En un momento determinado este pesticida fue la única forma eficaz de disminuir la transmisión de la malaria, pero se desconocían sus peligros.

A raíz de acontecimientos como éste surgen ideales extremistas (bajo mi punto de vista) como que solo lo natural es bueno y que todo lo químico es malo. Y de uno de estos episodios nació la quimiofobia o miedo a lo químico. Todo aquello que lleve un nombre “raro” se le tacha de químico y como consecuencia de ello malo y peligroso.

Si me conoces de las RRSS o has leído el apartado sobre mí de esta web, sabrás que soy Dra. en química, pero apuesto por lo natural. ¿Son incompatibles ambos términos? Tengo que decirte que en absoluto. Tu eres una “industria química” andante. En cada segundo ocurren miles de procesos químicos que te permiten vivir. Conocer esos procesos ayuda a entender mejor cómo funcionamos y cómo podemos ayudar a que nuestra “industria química” trabaje correctamente. La química está presente en nuestro día a día, es más, forma parte de la naturaleza desde el minuto uno de la aparición de nuestro planeta.

¿Recuerdas los nombres que te escribí al inicio del post? Sí, son nombres químicos pero muy presentes en la naturaleza e imprescindibles para nuestro desarrollo: el ácido cítrico y la famosa coenzima Q10.  Ambos son muy apreciados en la industria cosmética y, también, son esenciales para diferentes funciones biológicas básicas de nuestro organismo.

¿Qué es lo que os quiero decir con todo esto?

Primero, que las apariencias engañan. Cuando leas una palabra química, busca, consulta e infórmate porque quizás estés demonizando algo que ya forma parte de ti. Puede que hasta sea beneficioso incorporarlo en tu rutina de cosmética, alimentación, etc. Y si no fuese así, al menos estarías informada para buscar y encontrar una alternativa mejor.

Segundo, que las sustancias químicas sintéticas se desarrollan para solventar problemas de nuestra sociedad. Sin embargo, un uso indiscriminado de las mismas es lo que produce el verdadero problema no la sustancia en sí.

Y seguro que estás pensando: ¿para qué me cuenta todo esto si esto es un blog de cosmética natural?

Porque la cosmética natural se basa en el uso de ingredientes de origen natural. Esto no quiere decir que la formación o extracción de estos ingredientes naturales no requiera cierta ayuda de la síntesis química o de procesos biotecnológicos para generarlos. Te pongo el ejemplo del cocoglucósido, un tensioactivo muy utilizado en cosmética natural. Este tensioactivo se forma a partir del aceite de coco y el almidón de maíz. Sin embargo, para llegar al coco glucósido es necesario que se lleven a cabo algunas reacciones químicas. Tanto el proceso de producción como el producto en sí mismo son respetuosos con el medio ambiente y con nuestra piel. ¿Crees que en este caso la química nos ayuda o nos perjudica?

Mi conclusión ante todo esto es que primero debemos informarnos. Consultemos diferentes fuentes, seamos críticos y reflexionemos antes de tachar algo como malo solo porque nos lo presenten con su nombre químico. Y, por supuesto, podéis preguntarme todas las dudas que os surjan acerca de química y cosmética natural.

¿Sois de las que leéis las etiquetas de los cosméticos antes de comprarlos o por el contrario no os fijáis demasiado? Os leo en los comentarios.